Bernardo Gutiérrez Parra
Recapitulemos; la guerra contra el narco comenzó a principios del 2007 cuando un desesperado gobernador, Lázaro Cárdenas Batel, le pidió “ayuda urgente” al Presidente Felipe Calderón para contener a los grupos delincuenciales que amenazaban apoderarse de todo Michoacán. Como refuerzo de la Policía Federal, el Presidente sacó al Ejército de sus cuarteles y ahí comenzó el jaleo.

Con los primeros muertos el entonces frustrado aspirante a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, combinó el calificativo de “espurio” que le endilgó a Felipe, con el de “asesino, asesino” que le gritaba en las plazas públicas y al que se sumaron gustosos sus fanáticos seguidores, que también se lo colgaron a Enrique Peña Nieto.

Pero el karma es el Karma.

Cuando llegó a la presidencia de la República el tabasqueño aseguró que en un año acabaría con las matanzas y homicidios dolosos y la gente le creyó. Después de todo habían votado por él para que devolviera la paz y tranquilidad. Pero casi de inmediato reculó y pidió dos años para ahora sí, acabar con el calvario. Y el resultado no puede ser más deplorable.

El número de asesinatos dolosos registrados en lo que va de su sexenio llegó a 87 mil 271 a principios de esta semana, de acuerdo con la Consultora TResearch. En ese sentido supera en un 60 por ciento al gobierno de Felipe Calderón que en ese mismo periodo de tiempo registró 30 mil 572 asesinados dolosos y en un 50 por ciento al de Enrique Peña que registró 42 mil 489.

La cifra de muertos en el que es considerado desde ahora el sexenio más violento en la historia reciente del país se incrementa todos los días, ante la indiferencia de un Presidente que o no toca el tema en sus mañaneras o trata de minimizarlo. Pero lo grave para él es que la violencia no se puede ocultar. Si durante el gobierno de Felipe Calderón el número de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes fue de 24 y durante el de Peña Nieto fue de 29. En su gobierno es de 95 por cada 100 mil habitantes.

En su reciente aparición en la mañanera, la Secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, dijo que los homicidios dolosos bajaron un 2.5 por ciento, pero no dijo en qué país. Mayo registró 2 mil 963 asesinatos dolosos, más de 85 diarios y uno cada 15 minutos en promedio. Es decir, el peor mayo en más de dos décadas.

Pero nada de eso parece turbar a López Obrador que para una cruenta matanza tiene un buen distractor: el juicio a los expresidentes.

Según sus propias palabras, Carlos Salinas debe ser juzgado porque entregó todos los bienes de la nación y del pueblo de México a sus allegados. Ernesto Zedillo porque con el Fobaproa convirtió las deudas de unos cuantos en deuda pública y llevamos 40 años pagándola (aunque Zedillo no gobernó hace 40 años).

Vicente Fox debe ser llevado ante un juez porque engañó al pueblo, se convirtió en un traidor a la democracia y confesó que cargó los dados en 2006 para que ganara Felipe Calderón. Felipe Calderón porque declaró la guerra a la delincuencia sin atender las causas y se llevaron a cabo masacres porque había instrucción de rematar a los heridos. Y Peña Nieto por evidentes actos de corrupción.

En lo personal le preguntaría, ¿está libre de pecado o también se va a formar en la fila?

Por lo pronto hay que subrayar que los más de 87 mil asesinatos violentos en estos tres años son los muertos de López Obrador, eso sin contar con su responsabilidad por negligencia en las muertes por el COVID. Y ojo, el fallecimiento de más de 3 mil niños y niñas con cáncer por falta de medicamentos oncológicos a causa de su criminal irresponsabilidad, puede provocarle algo más que un dolor de cabeza.

Sólo por estas muertes puede ser juzgado por infanticidio múltiple en un tribunal internacional y sin necesidad de hacer una consulta pública.

bernardogup@hotmail.com