Desde el Café

Órale, ahora resulta que el plagiado quizá sea el plagiador 

Por Bernardo Gutiérrez Parra

Es evidente que hay personas interesadas en que Yasmin Esquivel Mossa no llegue a la presidencia del Tribunal Superior de Justicia de la Nación. Desde su postulación para el cargo de ministra, hubo voces que la descalificaron porque quien la impulsó abiertamente fue el presidente López Obrador y por portar esposo prohibido (José María Riobóo, contratista favorito de la 4T), lo que creaba conflicto de intereses.

 

A mi también como a su directora en la Facultad, Martha Rodríguez Ortiz, se me hace muy hacia arriba que su tesis para ser Licenciada en Derecho estuviera arrumbada 35 años y nadie se fijara en ella.

 

Pero una cosa es eso y otra bien diferente es que quienes buscaban meterle zancadilla, se encontraran con un lingote de oro que al darse a conocer en los medios se convirtió en una bomba que le estalló en la cara a la señora ministra. Y es que todos los caminos llevan a que Yasmin plagió su tesis.

 

El problema es que a pesar de las evidencias lo ha negado una y otra vez. Igual que el sujeto al que su esposa sorprende saliendo de un motel con otra dama y le dice: “Viejita, no es lo que te estás imaginando”.

 

Este fin de semana, la Universidad Nacional Autónoma de México informó que “tras un cotejo pormenorizado” de la tesis de la ministra presentada en 1987, contra otra presentada un año antes, se encontró “un alto nivel de coincidencias”.

 

En contestación, este domingo 25 de diciembre, Yasmín Esquivel subió a sus redes su posicionamiento en el que niega “terminante y categóricamente” haber plagiado su tesis (igual que el cuate del motel).

 

Dijo que el proceso de revisión abierto por la UNAM le parece adecuado. Y escribió una frase que me recordó a Javier Duarte cuando le dijeron que la PGR lo investigaba por varios delitos: “Soy la primera interesada en que se esclarezca esta situación en su totalidad y se compruebe la verdad”.

 

¿Cinismo? Checa el siguiente párrafo y saca tus conclusiones, lector. “Por otra parte, he denunciado ante la Fiscalía correspondiente el supuesto plagio de mi proyecto de tesis”.

 

Órale, ahora resulta…

 

Una de dos, o la señora está mal asesorada o se encuentra en la desesperación total.

 

¿Cuál es esa Fiscalía correspondiente? Quien acusa está obligado a probar. ¿Tiene pruebas de que plagiaron su tesis? ¿A quién está acusando del “supuesto” plagio?

 

Si la acusación va contra Édgar Ulises Báez que presentó su tesis un año antes y es el presunto plagiado, entonces doña Yasmin anda mal, pero muy mal. Solo que argumente que Édgar dio un salto al futuro, no veo cómo pueda probar que el plagiado resultó plagiador.

 

Esquivel Mossa indicó que el objetivo de estas “difamaciones” es intervenir en un proceso que le compete únicamente a ministras y ministros de la Corte.

 

Pero nadie la está difamando; las dos tesis ahí están, una igualita a la otra.

 

“Esta campaña perversa, pretende incidir en la opinión pública e influir en el ánimo de quienes deben tomar la decisión en esta elección”, dijo en otro párrafo.

 

No hay ninguna campaña perversa. El portal Latinus y el académico de la UNAM Guillermo Sheridan (que quizá rastrearon la tesis) dieron con un filón 100 por ciento noticioso y lo echaron a volar.

 

Perverso es negar lo obvio, lo visible, lo real. Eso sí es perversidad.

 

Por la opinión pública no tiene de qué preocuparse porque desde que tuvo ante sus ojos las dos tesis no la baja de plagiaria, ladrona y corrupta. Y esos conceptos no van a cambiar.

 

¿Qué sigue para la ministra? Si tuviera tantito así de vergüenza renunciaría a su asiento en la SCJN, pero es evidente que no lo hará. Si no sucede algo extraordinario, es decir, si no mete las manos Andrés Manuel, serán sus pares (a los que engañó con una tesis falsa) los que le pedirán el asiento, las llaves de su oficina y le enseñarán la puerta por donde saldrá la pasante Yasmin Esquivel Mossa.

 

No quiero imaginar la Noche Buena y la Navidad que pasó la mujer y el Año Nuevo que se le viene encima. Si hace 35 años alguien le hubiera dicho que con una tesis falsa arañaría la presidencia de la SCJN pero la iban a agarrar en la maroma, quizá habría tenido la decencia de darle la vuelta o “revolcar” algunos párrafos.

 

Pero no lo hizo y las consecuencias están a la vista: probable pérdida de su empleo y el descrédito total.

 

Nota. Pudieron más mis ganas de escribir sobre el tema ahora que dejarlo para después. Pero aprovecho el viaje para abrazarte con afecto y gratitud, querido lector, y desearte un Feliz Año 2023.

 

bernardogup@hotmail.com