Bien claro lo anunció Andrés Manuel el 1 de junio en Cancún: “Si hay rebrote del Covid-19 nos regresamos, vamos a cerrar de nuevo”. Dijo que la recomendación de que la gente saliera a las calles fue de los expertos. Es decir, para no perder la costumbre volvió a mentir. Ni con marcados signos de desestabilidad mental, un experto recomendaría semejante barbaridad en pleno pico de la pandemia.

Ese día se registraron 93 mil 435 casos positivos y 10 mil 167 defunciones lo que hizo que muchas cejas se levantaran, pero siguió inaugurando tramos del Tren Maya. De entonces a la fecha la curva de contagios no ha bajado ni tantito. Hasta ayer había 165 mil 455 personas contagiadas y 19 mil 747 muertos.

Y ni por asomo ha vuelto a hablar de regresar al confinamiento.

En Tlaxcala dijo que la línea de contagios “poco a poco, pero se va aplanando”, cuando todo mundo menos él ve que sigue subiendo. Esta cruel mentira está ocasionando contagios y muertes por los que deberá responder inexorablemente.

Debe ser frustrante para un luchador social como el tabasqueño que su sueño de hacer una profunda transformación del país para que las generaciones futuras lo coloquen hasta mero arriba en el pedestal de la historia, lo esté haciendo polvo un bicho microscópico. Por eso su urgencia de salir a la calle a rescatar lo que se pueda, aunque no haya mucho que rescatar de este naufragio tempranero, sobre todo desde el punto de vista económico.

Checa los datos, lector.

En tres meses salieron del país 14 mil millones de dólares porque México no es un país seguro para la inversión extranjera. ¿Y cómo lo va a ser si a los inversionistas les tumban aeropuertos, cerveceras, instalaciones eólicas, les cambian las reglas del juego y todavía los acusan de corruptos y ladrones?

Esos capitales que de regresar lo harán en siete o diez años, están ahora en países donde han llegado para generar cientos de miles de empleos. Alejados de sofocones y calambres de gobernantes que nada saben de economía y aparte de torpes, son rencorosos, tercos y acomplejados.

Y con ese antecedente ni a qué salir a la calle a buscar chamba cuando casi todo está parado. La industria turística, la manufacturera y la de la construcción siguen despidiendo personal porque nunca recibieron incentivos para reactivarse.

Andrés Manuel llegó al poder diciendo que no endeudaría más al país porque eso sería un crimen. Y si se parte de esa premisa entonces es un criminal.

El periodista de El Economista Jorge Suárez-Vélez, dio a conocer un dato que pocos sabían. El gobierno de López Obrador ha solicitado en 18 meses cinco créditos al Banco Mundial por un monto de 2 mil 130 millones de dólares, mientras el de Enrique Peña solicitó 2 mil 331 millones de dólares en todo su sexenio.

AMLO está llevando al país a contraer la deuda histórica más grande de los últimos tiempos (crecerá al doble) y a pesar de los números rojos, asegura que no es cierto.

Sólo en abril se perdieron más de medio millón de empleos, eso sin contar con los 12 millones de mexicanos que se quedaron sin ingresos.

Pero promete para diciembre 2 millones de los cuales ya lleva 408 mil del programa Sembrando Vida. El problema es que esos empleos (que son temporales y no permanentes como asegura) carecen de Seguridad Social y otras prestaciones, por lo que de ninguna manera son empleos formales.

¿Qué va a hacer cuando por ahí de octubre una parte de esos millones de desempleados colmen el zócalo exigiéndole trabajo?

En 18 meses López Obrador endeudó y está descapitalizando al país, lo está dejando sin empleos y está multiplicando a los pobres. Mandó al diablo las estancias infantiles, el Seguro Popular y los apoyos al campo. Ha desdeñado a los familiares de los desaparecidos, pero viajó la legua para saludar a la mamá de un capo. Ordenó la libertad de un hijo de ese capo y humilló al Ejército.

Eso sin contar la violencia desmedida, el nulo apoyo a las mujeres maltratadas y a las víctimas de los feminicidios.

En síntesis, aparte de que no ha hecho nada positivo ha creado mucho encono y resentimiento.

Pero esta debacle no es solo por el coronavirus; viene desde antes. Desde que tomó posesión como presidente lo hizo con el pie izquierdo. Uno de sus sueños fue formar un gabinete con personas de la talla de Sebastián Lerdo de Tejada y Guillermo Prieto, pero recurrió a hombres y mujeres grises, dóciles, genuflexos y sumisos, acomplejados igual que él, pero además temerosos de su jefe. Sólo dos se salvan: el Secretario de la Defensa, Luis Crescencio Sandoval y el Canciller Marcelo Ebrard.

Y en los gobiernos estatales ni hablar, parece que se empeñó en escoger a los más guarros, ignorantes y bandidos; inútiles para gobernar pero buenos para transar y robar.

Insisto, por eso su necedad por viajar. Para ver si con su sola presencia jala los votos que necesitará Morena para no perder en Veracruz y las entidades donde arrasó en el 2018.

Trabajo difícil, sobre todo si se toma en cuenta que más de la mitad de las piezas de la vajilla de la 4T las ha roto el propio tabasqueño.

Otro sueño de López Obrador es equipararse a Juárez, pero está a años luz de distancia. Más se parece a Luis Echeverría -que también tuvo ese anhelo- y en lugar de un pedestal a lado del patricio zapoteca, terminó arrumbado en el basurero de la historia.

Para allá va Andrés Manuel.

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