“¡Yo no soy Duarte!”, Yunes Linares“… ¡Te pareces tanto a mí!”, Juan Gabriel

Desde que ganó la gubernatura, Miguel Angel Yunes, no tuvo otra cosa en mente que construir la circunstancia para heredarle a su hijo.

Para ello necesitaba dinero, mucho dinero que de su bolsa no saldría.

Por tanto, presto acudiría al formato implementado durante los malhadados gobiernos de Fidel Herrera y Javier Duarte de concentrar los recursos financieros que entregaba la Secretaría de Hacienda a una sola cuenta para disponer de ellos a su libre albedrio y no para lo que habían sido etiquetados.

Por ello al final de su efímero mandato no hay obra carretera de consideración que inaugurar; no hay hospital –el Pediátrico ya estaba construido- o escuelas, obras de desarrollo social o nuevos programas que poner en marcha.

Había que respetar a la “licuadora”.

La primera voz de alerta la dio el senador José Francisco Yunes, Presidente de la Comisión de Hacienda del Senado de la República, al advertir que ocho mil millones de pesos entregados por el gobierno federal a Miguel Angel Yunes para el rescate de Veracruz, fueron a parar a una cuenta concentradora con fines distintos a lo presupuestado.

Fue un tiro de precisión que pegó al corazón del poder.

Fue el 6 de septiembre del año pasado, a ocho meses del mandato de Yunes Linares, cuando advertía que la llamada licuadora utilizada por Javier Duarte, había sido puesta de nueva cuenta en operación por el gobierno estatal “en donde ya existe una deuda de 8 mil millones de pesos en tan solo en el primer bimestre del año”.

“La licuadora es un desvío de recursos, como se hacía antes y quiere decir que genera las condiciones de desorden que ya padece Veracruz”, declaró Yunes Zorrilla, tras exigir a las autoridades de Finanzas el registro de las cuentas correspondientes.

“El diagnóstico es claro y lo que se debe hacer es reestructurar la deuda, bajar el gasto y generar otros ingresos para lograr un equilibrio pues mientras no se haga eso, se seguirán desviando recursos o pidiendo que la federación resuelva lo que nosotros no somos capaces en el estado de Veracruz”.

Tras la demoledora aseveración del senador quien siempre se hizo acompañar de las pruebas correspondientes por encabezar la Comisión responsable de la vigilancia de los recursos de la federación, la respuesta de Miguel Angel no se hizo esperar.
A través del responsable de finanzas del gobierno del Estado, Guillermo Moreno Chazzarinni, le vomitó una serie de improperios llamándolo ignorante y pedirle que acudiera a una oficina secundaria para que un ayudante le explicara cómo se bien utiliza el dinero.

Moreno Chazzarini, a través de un escrito -previamente supervisado- dedicó sus principales líneas al auto elogio, la vulgaridad y el insulto al senador Yunes Zorrilla con un lenguaje no propio del funcionario, pero sí del gobernante.

Sería una respuesta desmesurada al llamar al Senador “ignorante”.

“Su evidente ignorancia es más grave cuando usted preside la Comisión de Hacienda del Senado de la República y debiera conocer la normatividad que rige el manejo de los Fondos Federales”, respondió Miguel Angel Yunes Linares… perdón Moreno Chazzarini.

Se llenaba la boca al señalarle que “es comprensible que alguien como usted, que ha estado vinculado siempre a gobiernos corruptos, piense que todo sigue igual y que, por lo tanto, afirme que se sigue aplicando ‘la licuadora’ en el manejo de los recursos públicos de los veracruzanos.”

Y remata el amanuense:

“Ese modelo que usted denomina “licuadora”, se aplicó en el Gobierno del Estado en los últimos 12 años, cuando estuvieron a cargo del Poder Ejecutivo Fidel Herrera Beltrán y Javier Duarte de Ochoa, a quienes usted sirvió y fue cómplice tanto con su silencio, como con sus declaraciones y discursos de apoyo y reconocimiento a estos dos conocidos hampones.”

Así, con ausencia de argumentos y respuestas, Yunes Linares hacía de nuevo patente su enojo y vulgaridad.

“He dado instrucciones a la Jefa del Departamento de Flujo de Efectivo de la Tesorería, la C.P. Adriana Fascinetto Contreras, para que cuando usted lo solicite, lo reciba y ella le dé unas lecciones acerca de cómo se manejan los recursos públicos en un gobierno honorable y transparente”.

Lo de “honorable y transparente” demolería al gobierno de Miguel Angel Yunes al crearle un efecto boomerang.

Al tiempo Yunes Zorrilla demostraría que el gobierno del estado arrastra un déficit de 10 mil millones de pesos anuales y que la práctica de la licuadora creó un total desorden financiero y administrativo.

Al tiempo también, Cuitláhuac García ya como gobernador electo, alertaría que el gobierno saliente estaría heredando a Veracruz una deuda de 80 mil millones de pesos a pagar en los siguientes 30 años.

Y tras dos años de convulsa gestión seguiría persistiendo la sospecha sobre el uso y destino de los mil 200 millones recuperados a los rapaces duartistas.

Hoy día nadie sabe, nadie supo, a dónde fueron a parar esos centavos.

Y todo para que al final perdiera el hijo y el papá quedara embarcado con tremenda deuda aderezada por el “Año de Hidalgo”.

Trágico final.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo